Medios, ideología y educación​​​​​​​​​ / Luis Angulo Ruiz / Foro Permanente Educación Crítica sobre Medios de Comunicación #AnalisisMediosME

Ante la idea de que el término “análisis”, referido al “análisis crítico de los medios”, pudiera ser considerado un concepto ideológico, en el sentido marxista de la palabra, La Librería Mediática convocó a un debate sobre el tema: ¿Análisis crítico de los medios o educación de medios? Sobre este tema, en primer, lugar vamos a asumir una perspectiva más bien lingüística, semántica, pero sin descuidar el punto de vista filosófico por estar implicado en él, el tema de la ideología.  
Ya ubicado en esos puntos de vista, es necesario referirse al carácter polisémico y multívoco de los signos lingüísticos, para concluir que estos signos están cargados de múltiples significados y, por ende, lo que ellos significan se va a precisar a través del contexto discursivo y el contexto situacional. En el caso que nos ocupa, las palabras “análisis” y “educación” están mediadas por el adjetivo “crítico” que precisa el significado de ambas y alertan al lector sobre otros posibles significados, seguramente, muchos de ellos ideológicos. Por lo tanto, en un debate ante el tema de cuál expresión es más adecuada ¿análisis crítico? o ¿educación crítica?, nos encontramos con una discusión estéril, casi bizantina, como aquella de cuántos ángeles cabrían en la cabeza de una aguja.

Más interesante sería desplazar la lupa crítica hacia el tema mismo y describir el carácter ideológico en los llamados medios de “comunicación”, que como hemos dicho en otra ocasión, resultan ser más bien, medios de dominación. En tal sentido, resulta muy justa la metáfora que presenta a los medios como ejecutores de un lavado de cerebro al receptor de esos medios, con efectos ampliamente estudiados. Incluso podría renovarse esa metáfora con otra, más precisa de la función de los medios. Ubicándonos en los estudios de la neurociencia en relación al fenómeno de la plasticidad de las células cerebrales, podría decirse que los medios más que lavar cerebros, lo que ejecutan es una poda de neuronas. Algo similar a lo que hacen jardineros y paisajistas en parques y plazas con los que serían robustos árboles de pino, si no fuera por la intervención de las tijeras que los terminan convirtiendo en enanos vegetales con formas simétricas de esferas, cubos o triángulos, de acuerdo con el gusto, o más bien, mal gusto de moda.  

​ Aunque pueda parecer una visión exagerada, algo semejante hacen los medios con sus receptores, lectores, televidentes, públicos de cine o usuarios de artefactos electrónicos. De alguna manera, a través de sus programas van ejerciendo en los cerebros de los usuarios una fina manipulación de las sinapsis cerebrales que termina privilegiando ciertas conexiones y eliminando progresivamente otras. La severidad de esa “poda neuronal” dependerá de un conjunto de factores individuales, entre los cuales uno muy importante es el tiempo de exposición a los medios y la existencia o no de otros referentes como los libros, el teatro, la música, la danza, en general, el arte. También otros hábitos personales, tal como la práctica del deporte, el contacto con la naturaleza y las relaciones sociales constructivas.

         Pero ¿cómo logran los medios esa terrible eficacia? En primer lugar, cuando su propósito es ideológico, en el sentido marxista de la palabra, ocultan su propósito, su intención ideológica. Sólo dejan ver su apariencia amable, sugestiva, agradable. Construyen productos placenteros a la vista, al oído, a la imaginación, envueltos en un halo afectivo relacionado con las necesidades esenciales y no tan esenciales del ser humano: la alimentación, el vestir, el sexo, la seguridad, el confort, el prestigio… Pero en lo profundo, ocultan la intención ideológica de dirigir nuestras voluntades hacia propósitos y actuaciones que favorezcan sus intereses. Para lograr el engaño nos someten a un efecto encantatorio, en el sentido mágico de esta palabra. Para ello se valen de la función recreativa que la sociedad le da a esos medios. Desde niños estamos sometidos a su influencia con las llamados secciones recreativas de la prensa y con la programación de la radio y la televisión. De esta manera, poco a poco inoculan los valores que refuercen el status quo, que impidan cualquier cambio, que mantengan el egoísmo, la deificación del tener sobre el ser, la exaltación de la apariencia. En síntesis cumplen cabalmente su función en la producción y reproducción de la ideología dominante, entendida esta como no sólo una visión falsa de la realidad, sino más allá, como un recurso para imponer esa visión con el engaño. De esta manera los medios se convierten en el principal instrumento para la imposición de los poderes internos y externos, de la imposición de la ideología. Lo más terrible es que esa imposición se logra ante la total o casi total, según los casos, inconsciencia de la víctima que no se percata de su propia dependencia. Finalmente quedamos sumergidos en la atmósfera ideológica, adormecidos, sin poder ver la realidad. Incluso pueden hacernos perder nuestra identidad humana para convertirnos en robots, especie de zombis cuya primera característica es la ignorancia de nuestra propia situación. Es como que si estuviéramos sumergidos en una sustancia viscosa, un magma que nos impide estar conscientes, que nos hace creer que somos lo que no somos. Esta visión de la realidad pareciera ser una exageración, pero no lo es. Si nos parece hipérbolica, demasiado exagerada, es precisamente porque estamos inconscientes.

          Por fortuna, no todos estamos por igual sumergidos en la misma profundidad ideológica. No todos tenemos el mismo nivel de ceguera, de inconsciencia. Podemos estar tan sumergidos en esa sustancia ideológica hasta el punto de creer sin reparos las mentiras más absurdas sobre nuestra realidad política venezolana, por ejemplo creer sumisamente lo que dicen medios como El Nacional. También puede ocurrir que tengamos suficiente conciencia para rechazar esas mentiras, pero que no nos demos cuenta que con nuestra manera de actuar socialmente estamos reforzando, sin querer, a los productores de esas mentiras. Puede ocurrir que no nos dejamos engañar por burdas mentiras, pero que tengamos una visión del mundo falseada, que vivamos confundidos entre visiones falsas de la realidad. Es lo que algunos filósofos describen con términos como falsa visión del mundo, ilusiones, autoengaño o falso pensamiento. La descripción que acabo de hacer puede parecer apocalíptica, como la llamaría Umberto Eco, podría despertar desesperanza en algunos, no obstante debemos asumir con realismo lo difícil de la tarea.  

​ ¿Cuál debe ser, entonces, el propósito de un análisis crítico de esos medios? En primer lugar debemos estar conscientes de que es un trabajo arduo. Se trata de desmontar y desnudar el artefacto parte por parte. Demostrar más allá de los argumentos, con ejemplos fehacientes cómo funciona. Demostrar con análisis adaptados a cada medio (prensa escrita, radio, televisión, publicidad, redes sociales de internet, etc.) que están interesados en influirnos con su ideología, que se proponen ponernos a actuar de acuerdo con esa ideología, que no son objetivos, que muchos de ellos no dicen la verdad o dicen medias verdades, manipulan, omiten información y emplean códigos impregnados con sus intereses.

​ En este contexto, El Ministerio del Poder popular para la Educación, a través del Cenamec, atendiendo las propuestas de Marialcira Matute desde La librería Mediática, se ha propuesto producir materiales dirigidos a niños (as), adolescentes y jóvenes de 4 años a 18 años, divididos en tres segmentos etarios: 4-8, 8-13 y 13-18, con contenidos orientados a generar una actitud crítica ante los medios de difusión masiva de mensajes informativos y de otra índole, de darle viabilidad al artículo 9 de la Ley orgánica de Educación que establece: “En los subsistemas del Sistema Educativo se incorporan unidades de formación para contribuir con el conocimiento, comprensión, uso y análisis crítico de contenidos de los medios de comunicación social. Asimismo la ley y los reglamentos regularán la propaganda en defensa de la salud mental y física de la población”.    

​ Al respecto la propia Marialcira Matute ha hecho un aporte que nunca será suficientemente resaltado. Me refiero a lo que desde 1996 ella ha construido como el método Medios de Comunicación y Lectura. El método MyL está descrito en su libro “¿Cómo hacernos amigos de los libros mientras vemos televisión?” La idea de Marialcira Matute es altamente inspiradora. Ella ha venido enfrentando la tarea de intentar despertar a los niños y a los adultos de la influencia hipnótica de los medios con el recurso de los propios medios, pero continuamente contrastados y contextualizados con el valor concienciador que pueden aportar los libros y en general, el arte.

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