PESCADOR DE PALABRAS
(Poema de Rod Medina)
El alba lo sorprende y le espanta las musas
Soplos y susurros que aletean a su alrededor.
Forman las palabras círculos concéntricos
Para incitar su ingenio,
Van y vienen, cual cardumen huidizo,
O juegan con gracia sobre su séptimo chacra.
Alertas a la red o el arpón
Que puede apresarlas,
Se alejan del día que despunta
Burlándose de la nada
Que se ha mudado a la cabeza
Del poeta insomne.
La espera impaciente
Fertiliza sus neuronas,
Alimenta con sangre y deletreos
Las horas interminables
Que lo separan de la abundancia ilustrada.
La oscuridad se anuncia,
Las agujas se paralizan
Dentro de la bóveda celeste
Punteada de constelaciones maravillosas
Que sugieren historias y nombres
A la mente hambrienta
De la insaciable dulzura.
La medianoche es la obertura
Del concierto literario.
Su batuta, la pluma, marca el compás
De las mareas y corrientes
Que traerán de vuelta a
Las hadas marinas.
Plancton brillante
Bajo la luz de la luna,
Resplandecen los versos
Debajo de la oscura quietud del alma.
Chipas, saltos, volteretas,
Inmersiones, burbujas, rocío.
Agita sus brazos el compositor,
Anémona de tentáculos flácidos.
Abre su plexo
Con la vana intención de atraer
La abundancia lírica que navega
Cercana, frente a sus ojos.
Precisa el momento.
Lanza el anzuelo con el corazón de carnada.
El ritmo prodigioso que hace de señuelo
Se agita en el espacio vacilante
De la certeza.
Rimas, sonetos, cuartillas,
Prosa libre o consonante.
Explosión de poesía,
Abundancia lingüística:
Verbos, pronombres, adjetivos,
Metáforas, hipérboles, paradojas.
No se da abasto el pescador de palabras.
Le confunden los estilos, le marean los sintagmas.
Busca atrapar las sílabas soñadas
Pero se le cuelan entre los dedos.
Toma la pluma, la moja en la tinta,
Y en un orgasmo poético, pulsa sobre la hoja blanca
Su carga reprimida de tantas noches.
En frenesí escribe y escribe
Sin dar tiempo a los sinónimos ni los acentos.
Espasmo tras espasmo,
Aparecen los versos sin métrica,
Las estrofas miríficas que sostienen
La humanidad del marinero de las letras.
Observa la hora, mira las estrellas,
Apura la mano, no piensa.
El tiempo se le agota, la inspiración se esfuma.
Rápido busca la última frase,
El desenlace oportuno,
El final perfecto.
El sol ahuyenta a la madrugada
Y disipa la bruma espesa del desvelo.
El hombre mira su obra,
Sonríe extasiado, orgulloso de su faena.
Las deidades que escaparon de la redada
Se alejan sonreídas agitando sus vapores.
Huyen satisfechas;
Lograron su encomienda:
Ser convertidas en las palabras
Que desde los albores de la historia
Hacen soñar a los mortales.



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